viernes, 27 de marzo de 2015

Un buen día (1ª parte)

Era otra vez él el último en abandonar la apenas reconocible cama bajo el dibujo arrugado de las sábanas. Prendas de ropa desperdigadas por la habitación eran estampadas por el juego de luces y sombras que el amanecer producía al atravesar la persiana y proyectarse en la estancia. Desprendiendo sus pensamientos del mundo de los sueños, David, despertaba como el resto de los días de su vida, sin ninguna ilusión ni objetivo que seguir, se levantaba para ir al trabajo que no tenía porque necesita el dinero y no sabía cómo conseguirlo. No hay tiempo. No hay tiempo para nadie, ni para él ni para su mujer.


Dos tostadas y un café sobre la mesa de la cocina, Lucía estaba allí, de cara a la ventana, desayunando antes de salir a trabajar, observando los tímidos rayos del sol que comenzaba a iluminar la ciudad. El tráfico ya era denso. Contemplaba desde su piso cómo filas de coches cubrían todo tramo visible de calzada. La ciudad cobraba su característica vida opaca.

-¿Qué tal dormiste hoy? -preguntó David mientras rodeaba por su cintura a su mujer.
-Estoy cansada -dijo ella mientras perezosamente se deshacía de su brazos y reanudó su desayuno.

Él se asomó a la ventana tratando de ver algo especial mas allá de sus cristales. Nada, eso fue lo que vio. Los mismos edificios grises de todos los días, los mismos embotellamientos de todos los días, el mismo día que ayer y el mismo que mañana.

-¿Te gusta lo que ves? -dijo ella.
-No veo nada especial en ello.
-Eso es lo que hace que sea tan horrible.

David se detuvo un instante antes de proseguir la conversación.

-¿Qué pasa?
-Nada, eso es lo que pasa, que todos los días son iguales en nuestra vida. No tienes un trabajo, apenas me da para cubrir el mes y me preguntas qué pasa. Pienso en las veces que me hiciste creer en un futuro mejor... y te creí -sollozó.
-Sabes que hago todo lo que puedo por conseguir algo mejor para los dos.
-Es mi culpa, por esperar un imposible -replicó.
-Tampoco es mía, sabes que te quiero y que hago todo lo que puedo -dijo David mientras la rodeaba cariñosamente con sus brazos y se disponía besar su desnudo cuello.

Lucía comenzó a llorar, no consiguió contenerse, se giró y se apoyó contra el pecho de quien le abrazaba. Él la acariciaba procurando calmarla. Ella se separó lentamente.

-Por favor, me gustaría que me dejases un rato sola.

David se giró y volvió en silencio sobre sus pasos hacia la habitación.

[Continuará]

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